¿Recuerdas la última vez que asististe a una charla, conferencia o presentación? ¿Cómo reaccionaste cuando oíste esa entrada típica: “Hola, mi nombre es… y mi proyecto se llama… ” de un ponente monotono que no se movió del sitio y mostró una presentación llena de datos, texto y conceptos densos?

Ahora te toca a ti hacer esa presentación que tanto temes y… ¿no sabes cómo abordarla?

Por mucho que tu solución, proyecto, investigación… sea impresionante, con una carta de presentación como la de arriba, lamentamos decirte que no vas a impactar ni a captar la atención de la audiencia. Será una de muchas y se acumulará en la “chatarra para el olvido” en la mente de los asistentes.

Por eso hoy te traemos la lista definitiva de consejos (tanto de contenido como de forma) para convencer con tu presentación, ya sea un pitch, una ponencia o lo que se te ponga por delante.

Como siempre, la empatía es fundamental y el compartir algo con tu audiencia debe ser el trasfondo de cada una de tus diapositivas, así que decide cómo te gustaría recibir esa presentación si fueras un espectador con el perfil de tu público.

Comenzar por la estructura

Objetivo, ideas principales y estructura. Debes tener muy claro cuáles son las cosas que debe incluir tu presentación sí o sí, y cuáles son accesorias y solo añaden paja:

  1. Objetivo. Antes de ponerte a preparar tu ppt, piensa en la finalidad de la presentación y en tu público y “subconscientemente”, oriéntalo todo a ello. Si se trata de tu proyecto, piensa en el problema que le resuelves a los demás, y ordena tus ideas desde cero para que acompañen a tu audiencia por el camino sin que esta se pierda (más adelante ya les darás forma). Según Simon Sinek, las presentaciones que mejor funcionan son aquellas en las que, independientemente del objetivo, el presentador muestra que quiere compartir algo de valor aprendido o descubierto a través de la experiencia, pero sin hablar de su currículum. Dice que esa es la manera en la que mejor se engancha al público: la idea de compartir, de dar. Quizás este sea el objetivo base de la presentación.  
  2. Pensamiento visual para tu estructura. Usa también el pensamiento visual del que te habla Dan Roam en su libro: “Tu mundo en una servilleta” que te recomendaba el blog Explorer en su listado. No te cortes y comienza a hacer garabatos en una hoja plasmando las ideas principales. Te sorprenderás de cuánto clarifica el escribir conceptos unidos por flechas y esquemas.
  3. Tres es el número. Para los gurús, el tres es el número “áureo” de las presentaciones: en Silicon Valley se estila el «presentar» tres puntos básicos que la gente pueda recordar. Tres ideas clave al principio, desarrollarlas (explicarlas, apoyarlas con datos) y volver a ellas al final para reafirmar tu mensaje. Como dirían los Caballeros de la tabla cuadrada de Monty Python: Tres es el número que se contará, y el número de la cuenta será tres. No se deberán contar cuatro ni se contarán dos, salvo para seguir después a: tres. Eliminado será el cinco.

Empieza tu presentación con un buen gancho

Debes «enganchar» a la audiencia desde el minuto cero, con una entrada diferente, pero siempre adaptada al público, al contexto y al objetivo de tu charla. Hay varias estrategias y hemos hecho una adaptación de las que recomienda rapidstartleadership.com:

  • Cuenta historias. Los testimonios suelen funcionar bien. Cuenta algo relevante que te haya pasado, o la historia de alguien que hayas conocido. Narrar una historia convence, estés haciendo una presentación para un pitch o cualquier otro tipo de presentación, porque como te decíamos, el storytelling conecta emocionalmente con el público. Debe ser algo representativo del resultado final de la presentación.
  • Usa el humor. El sentido del humor conecta a los seres humanos. No necesitas ser Leo Harlem, pero si dudas, no hay mejor cosa que reírse de uno mismo: contar una anécdota graciosa relacionada con tu mensaje ayudará a romper el hielo y seguro captará la atención.
  • Provoca o incomoda. Aunque parezca mentira, cuestionar creencias asumidas, contar algo original o inesperado y usar la llamada «disonancia cognitiva» puede ser un buen aliado para comenzar tu presentación. Hay expertos que dicen que tienes que empezar haciendo sentir incómodo al público, haciéndoles evidente un problema para construir a partir de él. Quizás era un problema del que no eran conscientes o tal vez sea un reto permanente que conocen de sobra, pero nunca abordan. En cualquier caso, les estás haciendo sentir incómodos, porque les obligas a pensar en algo que ya saben y cómo se enfrentan (o no) a él. Esta incomodidad es lo que hace que quieran resolver el problema. La solución que propongas después con tu presentación sustituirá esa disonancia cognitiva con un sentimiento de satisfacción y harmonía que hará que todo fluya y que deje un buen sabor de boca.
  • Haz una pregunta. Puedes elegir entre varios tipos (cerrada, estadística (¿quiénes de vosotros…?) o retórica, y para hacerla te puedes apoyar con una foto, un vídeo (corto y relevante) o incluso mostrando algún objeto (lo puedes mostrar en la mano o tenerlo en el escenario cuando la gente llegue para generarles curiosidad).
  • Crea expectativas sobre lo que van a conseguir con tu ppt.
  • Menciona un hecho histórico impactante relacionado con tu tema.
  • Usa una cita que origine tu reflexión.
  • Cambia la perspectiva del público comenzando con frases como: “Imaginad…” o “¿Qué pasaría sí…?”

Cómo NO empezar

Simon Sinek aconseja no comenzar tu presentación de dos formas:

  • Comentar tu cv: hablar de ti y la experiencia que te avala para hablar sobre un tema aliena a la gente. El mensaje subconsciente que se transmite es que el objetivo se basa en ti, en conseguir algo y que no estás ahí para compartir ni aportar a los demás de manera desinteresada.
  • Datos y cifras: a pesar de que pueda parecer una forma científica, objetiva de comenzar una presentación, será más eficaz dejarlo para más adelante, puesto que los datos no generan emoción y no crean esa conexión buscada con el público.

Las formas son fundamentales

  1. Guy Kawasaki sugería que para una buena presentación no deberías usar más de 10 diapositivas, ni más de 20 minutos, ni un tamaño de fuente mayor de 30 puntos. La longitud de la presentación depende de muchos factores, pero recuerda que lo importante es la sencillez. De esa forma, tengas que hacer una presentación de 20 minutos o de una hora, no se hará larga ni tediosa.
  2. La regla del tres también se aplica al tiempo necesario para entender una dipositiva: los más “pro” recomiendan enfocarse en hacer diapositivas que se puedan entender en tres segundos: 1 diapositiva por idea – como si fueras en coche y vieras una valla publicitaria – tu público debe centrarse en lo que estás diciendo, y la diapositiva debe estar ahí para apoyar tu discurso (¡no al revés!) de forma visual, sencilla y rápida.
  3. Diseño consistente a través de toda la .ppt y fuentes legibles – Hay miles de plantillas diferentes online, pero lo mejor es que uses tu propia identidad de marca o los tonos relacionados con tu logo e imagen corporativa. Si aún no la tienes pero quieres hacer una presentación elegante, recuerda que el tipo de fuente es más importante de lo que crees y también transmite una idea (y si no, echa un vistazo al documental de Netflix sobre el fabuloso diseño gráfico de Paula Scher, responsable de rediseñar los logos para algunas de las compañías más conocidas del mundo como Windows, Citibank o Tiffany & Co.) 

Si necesitas ayuda con eso de combinar fuentes de forma elegante, te puedes ayudar de páginas como: Canva, Fontjoy o Fontpair.

    1. Imágenes profesionales. Poco texto y más imagen de calidad. Si tienes dudas sobre los permisos y de dónde sacarlas, te recomendamos este post que escribimos sobre bancos de imágenes para encontrar la foto perfecta..
    2. Si necesitas incluir alguna listas, enuméralas, así quedará mejor definido dónde empieza y acaba cada idea.
    3. Gráficos visuales y sencillos – La enfermera Florence Nightingale ha pasado a la historia, entre otras cosas, porque inventó una forma de representar datos para convencer a la Reina Victoria en 1857 de que la mayor parte de las muertes de los soldados en la guerra (en azul en el gráfico) se podían haber prevenido. Los datos mostrados de forma visual convencen más que el mejor discurso.
    4. Vídeos. Colar algún vídeo ayuda para reforzar tu mensaje o impactar – Cómo? Apelando a las emociones. Un buen ejemplo que seguro que viste en redes sociales es el de Momondo, un motor de búsqueda de viajes online, que nos traía un vídeo motivador y muy emocionante dentro de su campaña llamada “The DNA Journey”. Juzga por ti mismo:

Cierra con una llamada a la acción clara

Incluye una call to action o llamada a la acción clara. Es decir: qué quieres que el público haga después de escucharte.

Aunque esté implícito a lo largo de la presentación, aunque ese próximo paso te pueda parecer obvio, no olvides hacerlo explícito.

Cuando alguien escucha tu mensaje por primera vez puede no reparar en ello: por eso si has integrado el CTA como parte de la presentación, tu público tenderá a apoyar tu causa más fácilmente.

Algunos consejos más para tu presentación

Apóyate en la voz y el lenguaje corporal. Aspectos como hacer contacto visual con el público, sonreír (si sonreír va en consonancia con tu discurso), respirar para no ahogarte, variar el ritmo al hablar, vocalizar, alterar la entonación para enfatizar ideas o moverse por el espacio (sin abusar), son relativamente fáciles y está demostrado que contribuyen a que tu presentación sea más eficaz. Los ejercicios de improvisación y el teatro son muy buenas prácticas para mejorar en lo que a hablar ante el público se refiere.

Ensaya. Ensaya tu presentación pero no te obsesiones. Si no has tenido al tiempo de aliado como para prepararla entera, por lo menos lleva memorizada la primera parte, así te aseguras de que la introducción dejará huella e irás con más tranquilidad y confianza durante el resto de la presentación.

En caso de tener que dar una presentación más larga, prepárala en bloques más cortos, de alrededor de 10 minutos, para no entrar en pánico (ya sabes, el viejo truco de “dividir” una tarea titánica en partes más pequeñas y asequibles).

Pide ayuda. Procura hacerle la presentación a alguien que no tenga ni idea del tema sobre el que vas a exponer, y pídele que tome notas, te explique con sus palabras lo que has contado, y te diga si se ha perdido con algún concepto o no ha visto la relación lógica de una parte a otra. Esa será tu prueba de fuego. Algunos hablan de que si no puedes hacer que un niño lo entienda, tienes que replantearte la presentación. Quizás sea muy exagerado, pero de nuevo quédate con una palabra: simplicidad.

Cronometra. Mide cuánto te lleva todo el proceso. No hay nada peor que sobrepasar el tiempo reservado, que la gente se estrese porque se tiene que ir o deje de atender en un momento clave de tu presentación. Y esto puede tener resultados devastadores: perder el efecto redondo de recopilar tus tres ideas principales y dirigir a esa llamada a la acción final.

Preguntas. No te olvides de reservar un tiempo para las preguntas y preparar posibles cuestiones que deriven de la presentación. Esto te ayudará a salvarte de quedarte en blanco.

¿Qué te gustaría que te preguntaran? ¿Crees que has dejado algo fuera que no era imprescindible pero puede ser interesante para tu público? Es el momento de hablar de ello. Además, tener algunas ideas ya en mente puede salvarte de un final sin preguntas.

Siguiendo estos consejos, tienes muchos más puntos para conseguir una presentación eficaz y de éxito, que deje a tu público queriendo escuchar más.

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¿Se te ocurren más consejos? ¿Qué trucos te funcionan a ti?

 

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