La liga de empresas “B” o «Certified B Corporation» se expande dentro y fuera de España, ampliando la conciencia social en el mundo de los negocios sin renunciar al rédito económico.

Millennialls, centennialls y las generaciones por venir. Los primeros ya comenzaron su revolución de consumo y los demás prometen profundizarla: irreverentes, abandonan a las empresas que no cumplen con sus ambiciones y desatienden sus intereses, incluidos -o en especial- el bienestar social y el cuidado del medio ambiente. ¿Te sientes identificado? Pues las compañías han tomado nota del desafío. Y como una extensión de su naturaleza generacional, los emprendedores también.

B Lab, una organización internacional sin fines de lucro, creó una forma de medir y monitorear la responsabilidad social de las empresas y establecer estándares para ese concepto que con frecuencia resulta ambiguo.

El compromiso se ha expandido con la adhesión de más de 2.600 firmas alrededor del mundo. Consiste en una certificación de “Empresa B” (de Benefit Corporation, en inglés), que pondera distintos aspectos de la responsabilidad social, para que no quede en buenas intenciones, sino que cuente con una aplicación real desde la gestión de las compañías.

Un punto a tu favor: si estás comenzando tu negocio, estructurarse de esta manera es infinitamente más sencillo que transformarse luego. Y tendrás la ventaja de seguir una tendencia normativa en pos de la sustentabilidad, además de una reputación conveniente de cara a los consumidores, aseguran los promotores de la iniciativa.

En otras palabras, la búsqueda de un impacto positivo no demandará a tu startup renunciar al lucro.

 

El consumidor, del Boicot al ‘Buycot’

El comportamiento del consumidor se ha transformado. “Está cambiando el concepto del boicot al buycot”, describe Pablo Sánchez, director de B Lab en España. Se refiere a un comportamiento socialmente responsable que adapta sus preferencias a sus principios.

Antes había necesidad de hacer una acción contra una marca que había hecho algo malo, pero ahora se trata simplemente de comprar una marca con la que se siente identificado.

Por ello, si la empresa genera un propósito, tiene impacto positivo, es muy probable que las personas decidan apostar por ella, asegura Sánchez.

El diario estadounidense The New York Times publicó recientemente una nota en la que destaca a las empresas B como una opción para aquellos que persigan un consumo consciente, aun con un presupuesto ajustado. “El consumo consciente es un término paraguas que significa participar en la economía con mayor consciencia en cómo el consumo impacta en el conjunto de la sociedad”, describe el texto.

El interés, la conciencia o a veces la culpa, medido por ejemplo a través de indicadores como la huella de carbono personal, son crecientes. Existen incluso activistas que evitan tomar vuelos, un movimiento conocido como “flight shame” en Suecia, orientados a ser carbon neutral en 2045.

En España, unas 60 empresas son parte de la comunidad de empresas B. La idea se expande a nivel global desde grandes firmas multinacionales, hasta las más pequeñas.

El momento histórico es clave para impulsar esta transformación, dice Sánchez. “Se está reconociendo la importancia de implicar al sector privado en la generación de soluciones a los retos globales, de lo que hasta ahora se ocupaban mayormente instituciones públicas o del tercer sector”, explica.

La consciencia de que la empresa también tiene que ser parte de la solución global a los desafíos sociales y ambientales es cada vez mayor. En parte, porque las personas que forman las empresas adquieren esa mentalidad y no la dejan en la puerta de sus trabajos.

Impacto + lucro económico = ¿ganancia?

Como hemos dicho, el abordaje de la responsabilidad social de las empresas B no deja de lado el lucro, a diferencia de las ONGs o fundaciones.

Por ejemplo, Patagonia y Danone son empresas B, pero también otras como Impact Hub, Ecoalf, Holaluz, Stevia del Condado o Worldcoo.

Esta última startup surgió del Programa para emprendedores Explorer – Jóvenes con ideas  de Banco Santander (antiguo Yuzz) y es creadora de una herramienta gratuita que une usuarios con proyectos sociales y de cooperación.

Algunos se atreven a hablar de estas empresas como las expresiones de un nuevo capitalismo, que en algunos lugares del mundo se encaminan a tomar forma legal.

“Que las empresas puedan generar ese impacto positivo y al mismo tiempo ser solventes y obtener beneficios no debería ser un argumento contrapuesto. El tema no es que genere beneficios, sino cómo los genere”, dice el director de B Lab en España.

Los impulsores de este concepto aseguran que ser “B” implica para los inversores una reducción del riesgo, al incluir en la gestión elementos que posiblemente sean objeto de regulaciones medioambientales en un futuro próximo.

Por ejemplo, hacer uso de energías renovables en busca de una menor contaminación permite pensar en un menor riesgo en relación a posibles trabas futuras, no solo regulatorias, sino sociales.

“Por convicción o por conveniencia -dice Sánchez- hay fondos de inversión avanzados que están apoyando a estas empresas e incluso algunos exigen métricas sobre sus objetivos de desarrollo sostenible”.

El “sello”, asegura, no solo ofrece una posibilidad de diferenciación para posicionar productos en determinados mercados, sino también para atraer talentos, ya que las nuevas generaciones rechazan crecientemente comprar o trabajar para aquellas marcas con las que no se identifican.

Pasar de la responsabilidad al compromiso es el objetivo de esta certificación a la que las empresas se adhieren de forma voluntaria, dicen los defensores del movimiento. En concreto, consiste en adoptar determinadas políticas de gestión, orientadas a cumplir con ciertos niveles de desempeño de gestión social y ambiental, entre otros puntos.

Esa declaración de buenas intenciones, que se asume desde los estatutos de la compañía, también demanda rendición de cuentas.

Beneficios de ser una B Corp

Ser sostenible no solo es positivo para el mundo, descubre aquí las ventajas de convertir tu proyecto en una Empresa B:

 

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Emprendedores, responsables desde el inicio

En España, la gran mayoría de las empresas B son pymes o startups. El concepto impregna la hoja de ruta de esos fundadores, con frecuencia desde la gestación en algunas incubadoras y aceleradoras españolas.

La advertencia es que este camino no es fácil para aquellos que dan sus primeros pasos. A menudo funciona como un marco de reflexión, pero se apunta a una maduración al tiempo que la empresa se desarrolla, dice Sánchez.

Bajo este marco, existe una comunidad que, según miembros de la red, ayuda a fortalecer las buenas prácticas en espacios de intercambio que apuntan a un impacto colectivo.

Visualfy es una startup “B” dedicada a crear tecnología para personas sordas o con pérdida auditiva e instituciones. Con un algoritmo basado en inteligencia artificial que imita al oído humano, ‘escucha’ y muestra los sonidos visualmente en dispositivos inteligentes.

Manel Alcaide, CEO de Visualfy, cuenta su experiencia: “Cuando estás arrancando con una empresa hay mil frentes abiertos, el día a día te lleva a pensar a corto plazo, así que lo más difícil  fue levantar la cabeza y mirar más allá. (…) El compromiso sin procesos que lo acompañen corre el riesgo de quedarse en palabras vacías, y nosotros queremos que sea una realidad”.

 

“No somos un club de empresas blandas”

La comunidad de Bcorp está re-definiendo el concepto de éxito empresarial para incorporar la responsabilidad social como herramienta competitiva, dice Alcaide.

Este no es un club de empresas blandas, es una red de compañías dispuestas a demostrar que se puede combinar el alto rendimiento financiero con el impacto social

Pero ¿qué pasa con los márgenes de beneficio?

“Ser una empresa de impacto social te obliga a pelear cada día por ofrecer un precio justo, y no un precio bajo a toda costa. Un precio bajo puede ser muy poco ético”, dice.

Los desafíos de ser ético y rentable multiplican los interrogantes sobre los procesos de producción y operativos. “Las respuestas nunca son fáciles, pero el compromiso con el mejor precio posible, el más ético desde todos los puntos de vista, resulta ineludible”, dice Alcaide.

Ser “B” es una de las distintas opciones por las que optan empresas que incorporan el compromiso social a su identidad.

Existen otras certificaciones por las que las empresas consolidan su compromiso social. También es el caso de la certificación de Comercio Justo, centrado en otorgar compensaciones acordes al trabajo implicado en bienes o servicios.

Te invitamos a hacer este test de evaluación de impacto y ver tu puntuación.

En cualquier caso, ¿te animas a aplicar este sello a tu startup?

 

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