Es posible que con la pandemia, el confinamiento y el hundimiento del consumo, que promete turbulencias serias en la economía, andes alicaído si estabas pensando en emprender o en sacar adelante la empresa que ya estabas montando y empezaba a despegar. Es normal, qué duda cabe, pero es igual de normal hacer memoria para entender el pasado y aplicar lo aprendido en él al presente.

Piensa en la crisis de 2008. Al menos en aquel entonces podíamos juntarnos y abrazarnos sin problema, pero en ese momento parecía que se acababa el sueño colectivo, que el dinero dejaba de fluir y que tardaríamos décadas en volver a ver las cifras de desempleo que vimos en 2007. La burbuja pinchó, y con ella, las aspiraciones de prosperidad de todo un país. Sin embargo, algunos supieron darle la vuelta a la situación y convertir la catástrofe en una oportunidad.

Son los que supieron ver que en un nuevo contexto surgían nuevas oportunidades. Nuevos problemas que resolver y necesidades que cubrir, que al final es de lo que se trata una empresa: de convertir necesidades y deseos de la sociedad en un negocio rentable.

 

Oportunidades en nuevos contextos

 

BlaBlaCar

Piensa en BlaBlaCar, que hace la movilidad interprovincial más accesible para quien ve demasiado caro un billete de tren o autobús, y que permite a los conductores solitarios aligerar su gasto en combustible al dividir el gasto del viaje entre todos los viajeros que les acompañen.

Una empresa así quizás no hubiese tenido tanto tirón de haber sido lanzada en 2001, pero fue lanzada en 2006, y tras unos inicios discretos, encontraron su auge con la crisis de 2008. La gente ya no tenía tanto dinero como antes y veía el futuro con más pesimismo. Una startup como BlaBlaCar era simplemente ideal en un momento así. Para 2015 ya ingresaba 80 millones de euros al año.

Uber

Con el auge del smartphone y las aplicaciones, el formato habitual del transporte VTC (vehículos de transporte con conductor), más enfocado a chóferes para clientes de empresa o a las limusinas, se pudo transportar al ciudadano de a pie, que ahora podía reservar coches privados con chófer vía app de forma instantánea.

Pero además, el modelo original de Uber, mediante el cual cualquier persona con un coche podía trabajar como autónomo para la plataforma y ganar unos ingresos complementarios a su actividad principal, o principales si lo deseaba, hizo posible que hubiese suficientes conductores como para que la plataforma fuese atractiva para los consumidores. Y gracias a la tecnología implementó el servicio Uber Pool mediante el cual varios pasajeros pueden compartir parte de un mismo trayecto para que les salga más económico.

En un contexto de crisis, un VTC asequible para las empresas y un servicio alternativo al taxi para los clientes particulares —a menudo también con tarifas más económicas— tiene todas las papeletas para triunfar. Se llame Uber o se llame Cabify. Son dos de las startups con un nombre propio en la historia de los años diez.

Spotify

Otra startup en similar tesitura es Spotify. Ya no solo es que los niveles de piratería en la primera década del siglo fuesen escandalosos, es que las ventas de discos de música en una crisis económica tienen todas las papeletas para hundirse. No solo había que cambiar el formato, también el modelo de negocio. Y ahí llegó una startup sueca desconocida para proponer un modelo que puso patas arriba a toda una industria y cuyos efectos perduran a día de hoy. Spotify consiguió que pagásemos diez euros al mes por música infinita y se llevó el gato al agua. ¿Qué son diez euros a cambio de escuchar toda nuestra música allá donde estemos, y además, con un componente social? La industria musical salió airosa y Spotify salió a bolsa. Concretamente, en abril de 2018. Y ya vale 50.000 millones de dólares, y subiendo.

¿Sigues pensando que emprender en tiempos de crisis es una mala idea?

 

Nuevas reglas de juego

 

Con la vacuna o el remedio terapéutico a la espera, y sin poder anticipar el momento en el que llegará uno de ellos, vivimos en un mundo diferente al que conocíamos hasta marzo. Viajamos menos y de forma distinta, compartimos menos bienes y servicios físicos, nos comunicamos más a distancia, pasamos más tiempo en casa, teletrabajamos más, tenemos una mayor demanda de ocio de lo habitual al retraerse las actividades habituales del mismo.

Zoom salió a bolsa en abril de 2018, a un precio de 62 dólares por acción. En las semanas previas a la pandemia cotizaba entre los 75 y los 80. A mediados de julio de 2020 ya va por los 280 dólares. Zoom simplemente pasaba por allí, pero la pandemia —y tener un buen producto— hizo que fuese más necesario y demandado que nunca. Y eso que no es la única en su segmento.

Zoom, además del buen trabajo previo, tuvo “suerte”, relativizando el uso de esta palabra en un contexto tan trágico como el contexto de los últimos meses. Como los fabricantes de mascarillas o de gel hidroalcohólico. Quizás tú no puedas tener esa misma “suerte”, pero sí puedes adaptarte a un contexto concreto antes que los demás al emprender en el nuevo mundo.

 

Thomas-Kolnowski_Unsplash

 

No hay nada tan darwinista como el emprendimiento: no sobreviven las empresas más fuertes, sino las que mejor se adaptan al cambio. ¿Alguien se acuerda de Nokia en 2007?

A nadie se le ocurre vender bikinis en temporada de nevadas, ¿estás haciendo tú algo similar con tu producto?

Estudia el entorno, estudia los cambios sociales de estos últimos meses que siguen evolucionando. Piensa qué pistas deja el presente para imaginar hacia dónde irá el futuro, y cómo se podría hacer negocio en él. A nadie se le ocurre vender bikinis en temporada de nevadas, ¿estás haciendo tú algo similar con tu producto? ¿Cuál es tu capacidad para pivotar, si es que estás en esa situación? ¿Dónde está tu startup?

Tomemos otro ejemplo: Rovio. Una empresa finlandesa de desarrollo de videojuegos. Lleva desde 2003 en funcionamiento. Entre ese año y 2009 lanzó 51 juegos al mercado. Todos fueron un fracaso. Para 2009 había tenido que pasar de 50 empleados a tan solo 12 y estaba al borde de la quiebra. Si llegaron vivos a ese año fue porque un familiar de los hermanos fundadores hipotecó su casa. En ese momento decidieron que su próximo juego no sería para navegadores web ni para ordenadores, sino para móviles, visto el éxito de la App Store de los iPhone.

Ese juego se llamó Angry Birds y fue posiblemente el primer gran fenómeno de masas salido de las aplicaciones móviles. Hicieron decenas de secuelas del juego, vendieron merchandising de los personajes y hasta se rodó una película de la saga. Fue un éxito descomunal basado en una decisión aparentemente sencilla: orientar el siguiente lanzamiento hacia esos dispositivos que estaban creciendo como setas en las calles en lugar de apostar por los modelos tradicionales, que tan malos resultados estaban dando a Rovio.

 

Rovio-Startpoint

Fuente foto: www.rovio.com

 

¿Cuál es “el iPhone” de esta era para tu producto? ¿Cómo podrías venderlo para que sea un éxito? En estos meses, ‘Greyhound’, la última película de Tom Hanks sobre la II Guerra Mundial, no se ha estrenado en los cines, algo inverosímil. En su lugar, lo ha hecho en Apple TV+. Sus competidoras, como Netflix, han hecho también su agosto en estos meses.

 

¿Más ideas para emprender en el nuevo mundo?

 

  • Peloton, una empresa que comercializa bicis estáticas con un servicio de suscripción mensual para recibir clases online en directo, ha crecido un 250% en bolsa desde mediados de marzo.
  • Kry, una startup que conecta médicos con pacientes para hacer consultas online por videollamada, se encaramó al primer puesto de las tiendas de aplicaciones en su categoría.
  • Hopin, una empresa que organiza macroeventos online, multiplicó por diez su lista de espera en las primeras semanas de la pandemia.

Será por ejemplos. Adaptarse o morir.

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